La mejora llega cuando el estímulo y la recuperación avanzan juntos
- Edad y maduración: la categoría cadete suele abarcar los 15 y 16 años, pero no todos los jugadores se desarrollan al mismo ritmo.
- Sesiones: una duración de 75 a 90 minutos permite trabajar lo físico integrado con balón.
- Fuerza: debe entrenarse con técnica, supervisión y sin llegar al fallo muscular.
- Velocidad: necesita esfuerzos cortos, máxima calidad y descansos amplios.
- Prevención: un calentamiento neuromuscular de 15 a 20 minutos reduce riesgos y mejora el control corporal.
- Recuperación: dormir entre 8 y 10 horas y controlar la fatiga es parte del entrenamiento.

Qué necesita un cadete y qué debe cambiar en la sesión
En España, la categoría cadete suele corresponder a futbolistas de 15 y 16 años, aunque la normativa de inscripción puede variar según la federación territorial y la temporada. La RFEF utiliza la categoría sub-16 para este tramo de formación. La clasificación cadete de la RFEF confirma esa relación con el fútbol sub-16.
La diferencia física entre dos compañeros puede ser enorme. Uno puede haber iniciado antes el estirón puberal y tener más fuerza, mientras otro todavía está desarrollando coordinación, masa muscular y capacidad para tolerar cargas. Por eso, comparar únicamente tiempos o kilos suele conducir a decisiones equivocadas.
Mi criterio es sencillo: el jugador debe mejorar su capacidad para resolver acciones reales del partido. La carrera, la fuerza y la resistencia tienen sentido cuando ayudan a acelerar, frenar, disputar, cambiar de dirección y repetir esfuerzos con balón.
La UEFA también recomienda adaptar los ejercicios al nivel de desarrollo físico del jugador, no solo a su edad cronológica. En la práctica, esto significa ofrecer variantes del mismo ejercicio, reducir el volumen si aparece fatiga técnica y progresar cuando el movimiento es sólido. El marco de competencia física de UEFA para jóvenes insiste en esa adaptación individual.
El balón debe seguir siendo el centro
Un error habitual consiste en separar por completo la preparación física del fútbol. Las carreras sin balón pueden ser útiles, pero en esta edad conviene que buena parte de la carga aparezca en juegos reducidos, posesiones, finalizaciones y tareas de transición.
Eso no significa evitar el trabajo específico. Significa colocarlo en el momento adecuado. Por ejemplo, la velocidad máxima se entrena mejor al principio de la sesión, cuando el jugador está fresco, mientras que la resistencia puede integrarse después mediante un juego condicionado.
Cómo organizar una semana que permita mejorar sin saturar
Una semana con tres entrenamientos y un partido ofrece una base razonable para muchos equipos cadetes. Si el club solo dispone de dos sesiones, conviene mantener la prevención, la velocidad y la fuerza básica, reduciendo ejercicios accesorios.
| Día | Objetivo principal | Duración orientativa | Carga percibida |
|---|---|---|---|
| Sesión 1 | Recuperación activa, técnica y movilidad | 70-80 minutos | RPE 4-5 |
| Sesión 2 | Fuerza, aceleración y cambios de dirección | 80-90 minutos | RPE 6-8 |
| Sesión 3 | Táctica, resistencia específica y balón parado | 75-90 minutos | RPE 6-7 |
| Partido | Competición y aplicación del aprendizaje | Según formato | RPE 7-9 |
RPE significa percepción subjetiva del esfuerzo en una escala de 1 a 10. Preguntar al jugador qué esfuerzo ha sentido ayuda a detectar una sesión que, sobre el papel, parecía moderada pero resultó demasiado exigente. Yo prefiero combinar ese dato con la observación del entrenador y no tomar decisiones basadas en un único número.
La estructura de una sesión eficaz
Una sesión de 80 minutos puede organizarse de esta manera:
- 12-15 minutos de calentamiento dinámico y prevención.
- 10 minutos de velocidad, coordinación o técnica individual.
- 20 minutos de tarea técnico-táctica con intensidad controlada.
- 25-30 minutos de juego reducido o situación específica de partido.
- 5-8 minutos de vuelta a la calma, movilidad y comunicación final.
El orden puede cambiar según el objetivo. Si la sesión busca mejorar la resistencia, el bloque de juego tendrá más peso. Si se trabaja aceleración, los sprints deben realizarse antes de acumular cansancio, porque la fatiga altera la técnica y reduce la calidad del estímulo.
Qué capacidades físicas conviene entrenar y cómo hacerlo
Resistencia específica con decisiones
La resistencia de un cadete no consiste en correr durante 30 minutos sin parar. En un partido debe alternar trote, carrera, sprint, pausa y desplazamientos laterales. Por eso funcionan mejor los intervalos con balón y oposición.
Un ejemplo práctico es jugar 4 contra 4 más 2 comodines durante 4 bloques de 3 minutos, con 2 minutos de recuperación activa. El entrenador puede limitar los toques o marcar una zona de presión para aumentar la intensidad. La tarea enseña a repetir esfuerzos mientras se decide, que es mucho más útil que acumular kilómetros sin relación con el juego.Velocidad y aceleración
La mayoría de las acciones decisivas comienzan con los primeros metros. Para trabajar esta capacidad, propongo 6-8 repeticiones de 10 a 20 metros, con descansos de 60 a 90 segundos y una consigna clara, como llegar antes a un balón dividido.
El jugador debe sentirse rápido, no agotado. Si la distancia aumenta demasiado o el descanso se acorta, el ejercicio deja de ser principalmente de velocidad y se convierte en resistencia. Las salidas desde diferentes posiciones, las persecuciones y los estímulos visuales aportan variedad sin complicar la sesión.
Fuerza sin obsesionarse con el peso
La fuerza bien dirigida protege articulaciones, mejora la aceleración y ayuda a disputar balones. En cadetes se puede trabajar con el propio cuerpo, bandas elásticas, balones medicinales y cargas externas, siempre con supervisión cualificada y técnica correcta.
Una rutina básica de 20 a 25 minutos puede incluir sentadilla, zancada, puente de glúteo, empuje, tracción, plancha y elevación de gemelos. Para un jugador que empieza, 2 series de 8 a 12 repeticiones controladas suelen ser suficientes. Cuando domina el movimiento, se puede progresar poco a poco, sin buscar repeticiones máximas ni entrenar hasta el fallo.
Me parece más importante que el futbolista aprenda a aterrizar, estabilizar una rodilla y controlar la cadera que añadir kilos rápidamente. El aumento de la carga solo tiene sentido cuando la postura, la respiración y el recorrido se mantienen de principio a fin.
Cambios de dirección y frenadas
Frenar es una habilidad física y técnica. Muchos jugadores saben acelerar, pero pierden equilibrio al detenerse o girar. Para mejorarla, se pueden utilizar recorridos de 5 a 8 metros con frenada, desplazamientos laterales y cambios de dirección a una señal del entrenador.
Al principio conviene trabajar a intensidad moderada. Después se añade oposición, balón o una decisión táctica. La progresión debe ir de control corporal a velocidad competitiva, nunca al revés.
La prevención de lesiones empieza antes del primer ejercicio
El calentamiento no debería limitarse a trotar y hacer estiramientos estáticos. Un bloque de 15 a 20 minutos debe elevar la temperatura, activar la musculatura y preparar los gestos que aparecerán durante la sesión.
- Movilidad dinámica de tobillo, cadera y columna torácica.
- Equilibrio a una pierna y control de la alineación de la rodilla.
- Fuerza básica de glúteos, isquiotibiales y zona media.
- Saltos y aterrizajes con énfasis en caer estable y silenciosamente.
- Aceleraciones progresivas antes de los sprints intensos.
Los programas estructurados de prevención, como FIFA 11+, pueden integrarse al menos dos veces por semana. No son una garantía absoluta contra las lesiones, pero sí ofrecen una rutina consistente para mejorar fuerza, equilibrio y control en frenadas y aterrizajes.
También hay que gestionar el trabajo de cabeza. En esta etapa debe enseñarse la técnica de forma progresiva, con balones y situaciones adecuadas, evitando acumular impactos innecesarios cuando el jugador ya muestra fatiga o molestias.
Señales que no conviene ignorar
Dolor localizado, cojera, inflamación, pérdida repentina de rendimiento o molestias que se repiten durante varios entrenamientos requieren informar al entrenador y consultar con un profesional sanitario. Entrenar sobre dolor no demuestra compromiso; a menudo solo retrasa la vuelta y agrava el problema.
Cómo controlar la carga, la recuperación y el progreso
La carga semanal no depende únicamente de la duración de la sesión. También influyen los minutos jugados, la intensidad, los viajes, los exámenes, el sueño y el estrés. Un jugador suplente puede necesitar una compensación distinta a la de quien disputó 90 minutos.
Una herramienta sencilla consiste en multiplicar la duración de la sesión por el RPE. Por ejemplo, 80 minutos con un esfuerzo percibido de 6 producen una carga interna de 480 unidades. No es una medida perfecta, pero ayuda a detectar aumentos bruscos entre semanas.
| Indicador | Qué observar | Qué decisión puede orientar |
|---|---|---|
| RPE de la sesión | Esfuerzo de 1 a 10 | Reducir o mantener la carga |
| Horas de sueño | Duración y calidad del descanso | Modificar intensidad si hay fatiga acumulada |
| Dolor o molestias | Zona, duración y evolución | Derivar a valoración sanitaria |
| Calidad técnica | Errores por cansancio y pérdida de coordinación | Terminar el bloque o aumentar la recuperación |
Para un adolescente, dormir entre 8 y 10 horas debería ser un objetivo habitual. La alimentación debe cubrir el gasto de la semana con comidas variadas y suficiente líquido, especialmente en entrenamientos largos, días calurosos y partidos fuera de casa. No hace falta convertir el vestuario en un laboratorio de suplementos.
La progresión más segura es aumentar una variable cada vez. Primero se mejora la técnica, después el volumen o la intensidad. Si se incrementan simultáneamente las repeticiones, los minutos, la velocidad y el número de partidos, resulta difícil saber qué ha provocado la fatiga.
Errores que frenan el progreso de un equipo cadete
Copiar la preparación de un equipo profesional es uno de los errores más frecuentes. Los profesionales cuentan con más horas de recuperación, seguimiento médico y sesiones individualizadas. Un cadete suele estudiar, desplazarse, jugar varios partidos y compartir instalaciones con muchos equipos.
Otro fallo es castigar los errores con carreras. Si un jugador falla un pase y todo el equipo corre, se crea una asociación negativa con el balón y se distorsiona la carga. Las tareas físicas deben tener un objetivo de aprendizaje, no servir como descarga emocional del entrenador.
- Hacer series de carrera sin relación con las demandas del partido.
- Usar el mismo volumen para jugadores con maduraciones muy diferentes.
- Introducir pesas sin enseñar primero los patrones de movimiento.
- Reducir todos los descansos para que la sesión parezca más intensa.
- Confundir sudar mucho con mejorar la condición física.
- Olvidar la recuperación de los suplentes y de quienes juegan menos minutos.
Lo que más me preocupa en el fútbol base no es una sesión dura aislada, sino la acumulación silenciosa de semanas mal ajustadas. Un entrenamiento algo más corto, pero bien ejecutado, suele aportar más que una hora extra de ejercicios realizados con mala técnica.
La regla que convierte cada semana en una inversión
Un buen plan para cadetes debe dejar al jugador preparado para competir, aprender y volver a entrenar con energía. La fórmula práctica combina balón, fuerza progresiva, velocidad de calidad, prevención y descanso, con ajustes según la maduración y los minutos de cada futbolista.
Si el equipo mejora sus movimientos, toma mejores decisiones bajo presión y termina la semana sin una fatiga excesiva, la planificación está cumpliendo su función. El objetivo no es ganar una prueba física, sino formar jugadores más completos y disponibles durante toda la temporada.